ATMANJALI, AÑJALI o PRANAMASANA, es un mudra que conocemos y realizamos a menudo. Es también un saludo al interior, que se une en nosotros y comparte al todo. Mudra practicado en todas las religiones y fuera de ellas, se realiza al orar, pedir, agradecer, saludar, reconocer lo divino.

  Este gesto, aporta serenidad y calma interior por lo que provoca fuerza, sabiduría y dicha. 

  Es beneficioso en todos los planos, en lo físico: ayuda a centrar y equilibrar (mano derecha e izquierda en contacto), fortalece el sistema inmunológico y da fuerza y vitalidad; en el plazo mental: calma y clarifica el pensamiento, coordinando ambos hemisferios; en el plano emocional: ese equilibrio físico repercute en paz y armonía interior, relaja y serena desde las sensaciones a lo profundo de las emociones y en el plano espiritual: esta energía se comparte y libera, dejándonos equilibrados y en contacto con el exterior y con Dios.

  Puedes realizarlo sentad@ o de pie, y se ejecuta frente al plexo cardíacotambién, con gran beneficio sobre la cabeza. También en la práctica de yoga, que es un mudra con el que se saluda al inicio y fin de la sesión, está incorporado en asanas como malasana, anjaneyasana, urdhva hastasana, vrksasana o virabhadrasana I. 

 Puede realizarse en momentos de estrés, nervios o ansiedad y para equilibrar la energía, ante la actividad cotidiana para enfrentarla con decisión o en situaciones desestabilizantes.

  Coloca ambas manos juntas, frente al plexo cardíaco, cierra los ojos y respira profunda y relajadamente. Si lo realizas sobre la cabeza, primero lleva los brazos arriba y luego únelos permitiendo así que la postura fluya y la energía se equilibre. Se sostiene la postura, a fin de sentir e internalizar esta energía.